Es una auténtica leyenda de la relojería. Un icono que, sin discusión, ha marcado el tiempo de varias generaciones y que aún hoy sigue en plena forma.

En 1939 IWC Schaffhausen rompe con los cánones relojeros del momento desarrollando un reloj de pulsera, ref. 325, de tamaño generoso y sencilla caja redonda con el bisel estriado. Adelantado a su tiempo, este modelo pasaría un tanto desapercibido en una época marcada por la demanda de llamativas estéticas art déco con abundante ornamentación.

Romper las normas y adelantarse le costó caro a IWC Schaffhausen, que tuvo que esperar a 1993 para ver triunfar este reloj icónico. IWC celebraba por aquel entonces su 125 aniversario y lanzaba una serie limitada denominada Portugieser, ref. 5441, vinculada al reloj de bolsillo para caballero de los años 1930. Este guarda tiempos trasladaba la simplicidad en la esfera del modelo original y el tamaño voluminoso de la caja. Su formato considerable para la muñeca calaría pronto, sobre todo al añadir complicaciones relojeras como la repetición de minutos (ref. 5240) o la función cronógrafo con aguja ratrapante (ref. 3712).

En 2015 el Portugieser cumple 75 años y consolida una evolución estrechamente vinculada a IWC Schaffhausen, que ha apostado por la incorporación de maquinarias complejas. El Portugieser automático (ref. 5000), el Portugieser Calendario Perpetuo (ref. 5021), el Portugieser F. A. Jones (ref. 5442), el Vintage, el Grande Complicación (ref. 3774) o el Sidérale Scafusia (ref.5041) son algunas versiones de este peso pesado en el universo IWC Schaffhausen.