John Harrison, un inglés tenaz, concienzudo y perfeccionista que inventó el cronómetro de marina, lo que permitía conocer con exactitud la longitud en el mar, el gran reto científico y técnico del siglo XVIII, nació un día como hoy hace 325 años.

Como recuerda Google con su doodle, hoy es el aniversario del nacimiento del genial John Harrison, inventor del cronómetro marino, un instrumento que hizo posible la navegación marítima con garantías. Hasta entonces, estamos en el siglo XVIII, sin útil alguno que permitiera conocer la longitud en el océano, los navegantes se perdían con frecuencia. Un grave problema para el floreciente comercio británico, tanto por la pérdida de vidas humanas como por las pérdidas económicas, al que el Parlamento decidió poner fin en 1714 convocando un concurso: pagaría 20.000 libras a quien resolviera el tema. El desafío estaba planteado y muchos relojeros y científicos se pusieron manos a la obra. Pero fue un concienzudo artesano y relojero autodidacta de Yorkshire quien inventó un instrumento capaz de calcular con fiabilidad la longitud en el mar, permitiendo a los navíos conocer su posición exacta.

John Harrison invirtió cinco años en la construcción de su primer cronómetro de marina, conocido como el H-1, un artefacto que pesaba 34 kilos y que, tras la aprobación de la Royal Society, se probó en mar abierto en la ruta a Lisboa. El viaje fue todo un éxito y el H-1 calculó la longitud con apenas unos metros de diferencia.

H1-Cronometro Harrison

Dedicado por completo a mejorar su invento, Harrison construyó hasta 5 cronómetros de marina. Si con el primero obtuvo el respeto de sus coetáneos y de la comunidad científica, con el quinto, el H-5, más preciso aún y manejable y que presentó directamente al rey Jorge III, consiguió por fin, tras muchas reticencias del Parlamento, el premio. O al menos una parte, ya que, tras la intervención del propio rey, le otorgaron tan sólo 8.750 libras de las 20.000 prometidas. Para entonces, Harrison había cumplido ya 80 años y había dedicado su vida entera a la construcción de cronómetros de marina. Un invento imprescindible para el dominio de los mares que desde entonces ejerció la Armada británica.