Desde hace menos de un año, junio de 2016, Christian Lattmann es el CEO de Jaquet Droz, una marca del Grupo Swatch con una fuerte personalidad y un estilo propio y muy reconocible. Una marca que Lattmann define, en entrevista exclusiva para R&E, como un “atelier” de Alta Relojería.

Para Christian Lattmann, la creatividad es una de las principales características de la marca, que cuenta con piezas tan emblemáticas como el Grande Seconde o los geniales autómatas que emulan y homenajean la vida de los bosques del Jura, muy cerca de su región natal y de la sede del Grupo Swatch en el que ha desarrollado toda su carrera profesional desde sus inicios hasta la fecha.

¿Cómo se inicia en la relojería ?

Nací en Bienne, justo al lado del edificio de OMEGA, por lo que puedo decir que casi he nacido en la relojería. Sin embargo, al finalizar mis estudios, en 1989, empecé a trabajar en Longines, en el campo de la logística. Durante 5 años aprendí mucho. En 1995 me uní a OMEGA como jefe de producto de las líneas Seamaster y Speedmaster. Y allí estuve hasta 2002. Un día, Nicolas Hayek me propuso ir a Breguet, donde, en principio, trabajé como jefe de producto. Y mientras continuaba mi actividad en Breguet, a finales de 2009, Nicolas Hayek me invitó a participar, junto a él, en el comité directivo de la casa Jaquet Droz.

¿Fue su primer contacto con la marca?

Sí, y rápidamente me conquistó. Cuando Hayek murió, en junio de 2010, su nieto, Marc Hayek, tomó las riendas de este comité directivo y me nombró vice-presidente, después vice-presidente ejecutivo y, en junio de 2016, me dio su confianza total nombrándome CEO de Jaquet Droz, reportándole a él directamente.

Debo decir que durante todos los años que he pasado en las diversas marcas del Grupo Swatch he encontrado gente extraordinaria, y siempre he estado muy próximo a los miembros de la dirección del propio Grupo. Es el espíritu que caracteriza al Grupo, en el que sólo se juzga a la gente por su trabajo y su creatividad.

2016 ha sido, por tanto, todo un hito…

Ah, sí, verdaderamente. Y me he sentido muy honrado y orgulloso. He aprovechado una soberbia oportunidad, pero también he asumido una importante responsabilidad con el Grupo, así como con nuestros colaboradores y nuestros clientes.

A la vista de su experiencia profesional, ¿se puede decir que Jaquet Droz es una marca diferente de las demás?

Claramente sí. En principio, la marca estaba “alimentada” por Blancpain. Es un hecho cierto, pues nos beneficiábamos de movimientos de altamente técnicos. Gracias a eso, pudimos dedicar la mayor parte de nuestros esfuerzos a construir relojes que son una excepción en el paisaje relojero suizo. Nos definimos, de hecho, como un “atelier” de Alta Relojería. Por eso hemos desarrollado piezas totalmente originales, algunas de las cuales han recibido importantes distinciones. Jaquet Droz es una marca diferente, que hay que seguir desarrollando y cultivando.

Cuando se miran sus relojes, se percibe una identidad muy fuerte. ¿Quiere decir esto que no quieren parecerse a ninguna otra marca?

En principio, trabajar de este modo es una oportunidad de expresar nuestras ideas relojeras en un extraordinario terreno de práctica profesional. A continuación, y esto es capital, no hay que mirar lo que hacen los demás, hay que hacer lo que sabemos hacer y mantener el espíritu de Pierre y Louis-Henri Jaquet-Droz. Construimos relojes que expresan la poesía de los paisajes del Jura, la naturaleza de esta región. Y luego, hay que hablar también de los excepcionales autómatas construidos por los Jaquet-Droz en la época. Todo eso es lo que nos inspira.

¿Cuáles son los ejes de desarrollo para poder expresar esa creatividad?

Tenemos tres ejes fundamentales. El primero, trabajar sobre la base de nuestra pieza icónica, el Grande Seconde. Después, tenemos los autómatas, y somos los únicos en este segmento. Y finalmente, los oficios artísticos, que nos permiten aportar ese toque de poesía en cada reloj que creamos. En torno a estos ejes tenemos grandes capacidades de desarrollo.

¿Cómo ejerce su trabajo de CEO de la marca?

Mi primera preocupación cuando llegué a este puesto fue la de liberar las energías contenidas en esta casa y hacer trabajar a la gente junta, en equipo, para obtener buenos resultados. Tenemos una identidad muy fuerte desde la compra de la marca por el Grupo en el año 2000. Hemos reintroducido los autómatas y los hemos mejorado. Jaquet Droz ha sido la primera marca que ha entrado en la Ciudad Prohibida de China. Dicho esto, debemos darnos a conocer también en el plano internacional. Y para eso, nuestro tamaño nos da la posibilidad de tocar el “extra-lujo”. De hecho, tenemos la posibilidad, y la explotamos a fondo, de realizar piezas únicas mezclando los aspectos puramente relojeros con los autómatas y los oficios artísticos. Todas estas personalizaciones se hacen en el interior de la casa, y, todo el mundo lo sabe, una estructura interna permite ir más rápido.

Otra cosa que me gusta mucho también es llevar los límites de la creatividad siempre un poco más lejos. No hay que tener miedo de cometer un error y de seguir intentándolo.

En otras palabras, tiene muchas cosas de las que ocuparse durante varios años…

Sí, desde luego. Tenemos una estrategia muy clara para los próximos años y lo vivimos como una magnífica aventura. Usted lo sabe, la gente está ávida de emociones y es precisamente esa emoción lo que queremos provocarles a través de los relojes que llevan la firma Jaquez Droz. Además, crear relojes que aportan poesía a las y a los que los llevan es una auténtica satisfacción.