Para Michel Parmigiani, maestro relojero y restaurador de prestigio universal, el oficio de relojero se acerca mucho al del artista. “Hacer un reloj es como hacer una pequeña escultura”, afirma este suizo de las montañas, de origen italiano y reconocimiento internacional.

El espíritu inquieto, aunque reflexivo y sosegado, de Michel Parmigiani le ha acercado siempre al arte en general y a la pintura y la escultura en particular. “Hacer un reloj es como hacer una pequeña escultura”, contaba el propio Michel a esta periodista hace un tiempo en una entrevista. Y es que para Parmigiani, el verdadero oficio de relojero es muy próximo al del artista. Nada extraño si se tienen en cuenta sus orígenes italianos. De su madre, modista de profesión, reconoce que heredó la habilidad para el diseño y la inspiración creativa. De su padre, mecánico de precisión, sus dotes de observación. “Quien sabe mirar, ve el arte”, cuenta el relojero que le repetía a menudo su padre desde niño.

Justo ahora que Parmigiani Fleurier, marca fundada por el propio Michel en su localidad natal de Val de Travers, en Suiza, cumple 20 años es un buen momento para volver la vista hacia la mayor aportación a la relojería de este gran maestro relojero, la restauración de complejas y complicadas piezas antiguas. Auténtico artista de un difícil oficio que muy pocos practican y menos aún al nivel de maestría, precisión y respeto con los que Michel Parmigiani trabaja. Y es que, su compromiso y su maestría hacen que domine todos y cada uno de los procesos de producción de un reloj.

Gracias a la estrecha relación con la familia Sandoz, propietaria de una de las mejores colecciones de relojes antiguos del mundo, Parmigiani Fleurier ha ido presentando cada año, desde hace dos décadas, nuevos relojes que en cada momento representaron un hito importante en la relojería. Así, el primer reloj de pulsera de la joven marca, presentado en 1999, fue un modelo con caja tonneau y una reserva de marcha de 8 días. Apenas cuatro años después desarrolla el primer movimiento de relojería transversal del mundo, un bloque de motor de muñeca inspirado en un Bugatti y que recibió el nombre de Bugatti Type 370.

Parmigiani Bugatti Sport Saphire 2016

En 2011 presentó su primer calibre extraplano, con un micro-rotor situado en los márgenes del movimiento y que representa la vuelta a los códigos estéticos de sus inicios: elegantes, clásicos y sobrios.

El año pasado, para celebrar su 20º Aniversario, Parmigiani Fleurier presenta su primer cronógrafo integrado, el Tonda Chronor Anniversaire, con su movimiento realizado en oro y que, con sólo un barrilete, proporciona hasta 65 horas de autonomía (ver R&E nº 152).

Parmigiani Tonda Chronor Anniversaire

Incansable relojero y amante de las complicaciones, Michel Parmigiani enriquece cada año su ya extensa colección de relojes. Un buen ejemplo son los 33 movimientos originales que ha presentado en estas dos décadas.

Parmigiani Montre de Maharadjah

Pero en paralelo y antes incluso de su relación con la familia Sandoz, Michel ha trabajado siempre en el arte de la restauración, en el que se inició como relojero y que le ha labrado un prestigioso nombre en el mundo entero. Y es que, desde el principio de su carrera, ha dedicado buena parte de su tiempo a la restauración de relojes históricos. Poseedor de un título que lo reconoce como tal, con una formación adicional y específica de varios años, este relojero altamente cualificado es depositario de una tradición de más de 450 años. Una tradición que va desde los relojes del Renacimiento hasta los cronómetros de marina, pasando por los planetarios, los autómatas y las cajas de música. Sirva como ejemplo un complicado planetario del siglo XIX, creado por François Ducommun –dit Boudry, que fue impecablemente restaurado por las sabias manos de Michel y al que dedicó más de 1.200 horas de concienzudo trabajo.

No cabe duda de que la restauración es un pilar fundamental de la marca. Una actividad que Michel Parmigiani inició en 1976, en plena crisis del cuarzo, algo que no desanimó en absoluto al joven relojero. “Cuando tienes la posibilidad de trabajar con tantas maravillas del pasado, como he podido hacer yo, simplemente es imposible creer que la relojería tradicional esté condenada a desaparecer”, afirma el relojero. Ha sido precisamente su prestigio como restaurador y sus excepcionales habilidades relojeras las que le acercaron a la Fundación de la Familia Sandoz, proporcionándole, en 1996, los medios económicos y los recursos productivos para crear una marca con su propio nombre. Una marca en la que vuelca, en cada reloj que produce, todos los conocimientos adquiridos en su faceta de restaurador. Y es que la restauración, definida como el arte de restituir a un objeto (en este caso relojes históricos) su gloria pasada liberándolo del maltrato del tiempo (y de las personas, a veces) está en la razón de ser de esta marca. Tanto es así, que Parmigiani Fleurier es una de las pocas manufacturas de relojes que posee un taller de restauración de piezas históricas, en el que trabajan, además del propio Michel, otros tres relojeros-restauradores.

Parmigiani Tabatiere ovale en or avec montre carillon et bateau

Es en este taller donde el año pasado, y tras 12 meses y 4.000 horas de arduo y meticuloso trabajo, volvió a renacer una de las piezas más excepcionales de la colección de la familia Sandoz, la pistola con pájaro cantor. Se trata de un autómata poco común, cuya estética recuerda la de un revólver de caballería, creado con total realismo por los hermanos Rochat hacia 1815 en Ginebra. Cuando se carga el arma, si se presiona el gatillo, aparece, sobre el doble cañón, un pájaro en el lugar del bisel, que realiza una pirueta, abre el pico, gira la cabeza, mueve la cola y bate las alas al mismo tiempo que canta una melodía, antes de desaparecer de forma tan sorprendente como ha aparecido.

Parmigiani Pistola con pájaro cantor

Cuando esta obra de arte -cuya estructura es de oro macizo de 18 quilates recubierta con esmaltes opacos y translúcidos, con multitud de grabados a mano, 400 semiesferas de perlas y 60 diamantes- entró al taller de restauración estaba muy deteriorada, tanto por el paso del tiempo, que había afectado seriamente a su mecanismo, como por otros intentos de restauración anteriores, “que resultaron apresuradas e incorrectas y acabaron por desnaturalizar la pieza en su conjunto”, explican desde el taller. Lo cierto es que hubo que empezar de cero y “desvelar los misterios del mecanismo uno por uno”, añaden los restauradores. Así, con paciencia, sabiduría y respeto por el trabajo original, se fue reconstruyendo cada componente como era originariamente, desde las ruedas de engranaje hasta el esmalte, los grabados y las plumas del pájaro cantor.

No cabe duda de que, más allá de ser un relojero excepcional –¡lo que no es poco!-, Michel Parmigiani es un reconocido artista, capaz de mezclar la sensibilidad estética italiana con la rigurosidad y la disciplina suizas.