Es una auténtica leyenda de la relojería. Un icono que, sin discusión, ha marcado el tiempo de varias generaciones y que aún hoy sigue en plena forma.

Creador en los años 70 del Golden Bridge, Vincent Calabrese parte de la premisa de que la transparencia es una forma de liberar a la relojería de su camisa de fuerza.

Nacido en Nápoles en 1944, Calabrese ha dedicado su vida a la industria relojera. Dedicado a la restauración y reparación de relojes, cuando llegó a Le Locle pudo dar rienda a su imaginación y, en los años 70, tuvo la genial idea de crear relojes “especiales”. Tras un trabajo previo de observación, Calabrese percibió que los clientes se basaban principalmente en la estética de los relojes a la hora de comprarlos. Entonces decidió dar un giro de 180º grados creando un modelo que les convenciera también por su calidad y técnica. Esta es la génesis del Golden Bridge.

Calificado por su creador como “grito revolucionario”, el Golden Bridge parte de dos premisas: la caja del reloj “no debe ser el ataúd del mecanismo” y ambos no tienen por qué estar vinculados más de lo estrictamente necesario. Así surgía el mecanismo en línea recta que sólo se une a la caja en las posiciones 6h y 12 h.

De la idea a la realidad. En 1977 Vincent Calabrese conoce al fundador de Corum, René Bannwart, quien reconoce al instante el potencial del nuevo desarrollo relojero. En los años 80 el Golden Bridge cala profundamente en un público ilusionado con la nueva propuesta. Su simplicidad y la original puesta en escena de su movimiento se hacen con el Primer Premio en la Feria Internacional de Inventos de Ginebra.

Desde su nacimiento, el Golden Bridge ha experimentado novedosas versiones y ornamentaciones. En cualquiera de los casos, el Golden Bridge mantiene la estética original en la concepción de mecanismo, con menos componentes que otros relojes, y el diseño de una caja que mantiene vigencia cuatro décadas después.