Mao Zedong decía que la revolución viene del interior. Oliver Ebstein y su esposa lo han comprendido bien y su revolución promete muchas sorpresas.

En 1983, un alemán, Gerd R. Lang, apasionado por los relojes, que había dedicado gran parte de su carrera a la casa Heuer-Léonidas (que más tarde sería TAG Heuer), decide lanzar una nueva marca de relojería. Con su esposa, suiza, durante 30 años, se esfuerza, con éxito, para hacer de Chronoswiss una verdadera marca helvética. Aunque el centro neurálgico de la casa estaba instalado en Munich, Lang hizo siempre el máximo de operaciones en Suiza, incluso una parte de su personal trabajaba siempre en el país alpino. Y es cierto que, durante toda su historia, numerosos amantes de la relojería estaban convencidos de que Chronoswiss era un producto netamente suizo, pues sus guardatiempos estaban concebidos y realizados según el más estricto respeto de las reglas aplicadas por las más prestigiosas marcas relojeras suizas.

En 2013, Lang decide vender su sociedad. Pero no quería cederla a un grupo que estuviera contento de retomar el nombre –fuerte para vender un producto suizo- y dejara caer los relojes que identifican la marca para imponer los suyos propios. Lang quería vender su empressa a un candidato interesado en continuar la aventura con su mismo espíritu. ¡Y, voilà, este era el escenario!

Cuando se toma una marca, hay que amarla

Oliver y Eva EbsteinEs en este momento que interviene Oliver Ebstein. Manager, ha trabajado en diversos campos, desde la banca a la farmaceútica pasando por la hostelería. «Pero, dice él mismo, no había abordado jamás el aspecto industrial». No obstante, desde su infancia, Oliver Ebstein estaba fascinado por los relojes. Su abuelo le había regalado una pieza firmada Universal/Genève. Pero él se fija en un reloj construido por Chronoswiss. Se trataba de un modelo cronógrafo esqueleto de la época. Adoraba este guardatiempos y pensaba que su creador, Gerd R. Lang, tenía un sentido del detalle absolutamente perfecto. Fue esto lo que hizo que el reloj estuviera particularmente bien resuelto y que emanara emoción.

Un día de 2012, hacia finales de año, un amigo de Oliver que conocía al propietario de Chronoswiss le propone, junto con su esposa, un encuentro con él. Es así como, en el transcurso de la conversación, los Ebstein descubren que Lang buscaba un comprador interesado e interesante para su marca. Para el fundador de la sociedad era absolutamente imprescindible mantener la marca con el mismo espíritu que había presidido su destino durante 30 años.

Oliver Ebstein lo cuenta así: «Al vover a casa hablamos sobre ello mi mujer y yo, y a finales de diciembre de 2012 decidimos examinar el tema en profundidad. Y un día nos dimos cuenta que era absolutamente evidente que a los dos nos gustaban mucho los relojes que llevaan la etiqueta Chronoswiss. Estos guardatiempos emanan emociones y, a nuestros ojos, eso es muy importante. No obstante, queríamos examinar en detalles los aspectos económicos de la compra. En paralelo, y durante dos meses, hablamos con un gran número de personas que aportaron distintos puntos de vista. Es así como fuimos construyendo nuestra convicción. Todo esto era preciso, ya que, para nosotros, la industria era un mundo completamente nuevo en el que no teníamos raíces. Decidimos pues comprar la sociedad con los colaboradores. Las perspectivas eran muy buenas. Los relojes tienen un aspecto excepcional e icónico. Creo que en esta marca existe un hilo rojo que nosotros seguimos, y para nosotros esto es fundamental tanto como el hecho imprescindible de amar la marca».

Concentración en Lucerna

Desde el momento de la compra, Oliver Ebstein y su esposa decidieron reagrupar las actividades de la sociedad en Suiza. Es así, como lo llevaron todo a Lucerna, al centro mismo de la ciudad. En Alemania se mantiene una pequeña célula que hace las funciones de filial, fundamentalmente a nivel de marketing para ese país. El resto de las actividades se desarrolla en el país helvético. Se encuentran aquí también los proveedores.

Hoy, la sociedad cuenta con 40 colaboradores y construye unos 5.000 relojes cada año, que se reparten en dos colecciones importantes. La primera, salida directamente de la línea de guardatiempos desarrollados durante la via de la marca, lleva el nombre de Sirius; mientras que la otra colección se llama Time Master. Ambas constituyen los dos ejes de base a los que se puede añadir un superviviente del pasado –realmente elegante-, el regulador de horas saltantes.

Pero los nuevos propietarios no han dudado en reducir las diferentes familias de relojes. Antes de la compra, la marca contaba con unas 170 referencias. Hoy quedan 80, entre las cuales, por supuesto, están las piezas icónicas, pues, como subraya Oliver Ebstein, «el producto de lujo debe permanecer intemporal, pero hay que ser siempre capaz de reparar un reloj de nuestra producción, incluso si tiene 30 años. Si queremos permanecer en la línea fijada por el creador de la marca, debemos organizarnos. Como lo hemos centralizado todo es imprescindible empezar de nuevo y redefinir todo. Esto incluye toda la logística que permite crear novedades de la A a la Z».

Respetar a los clientes

Para los propietarios de Chronoswiss, trabajar en el terreno del lujo es sinónimo de esfuerzos continuados de creación, sin por ello caer en el síndrome del cambio por el cambio. Oliver Ebstein es muy claro al afirmar que hay que apoyarse en las líneas que han contribuido al éxito de la marca en los distintos mercados, haciéndolas evolucionar pero sin desnaturalizarlas. En otras palabras, hay que respetar la identidad de las colecciones para que los clientes puedan seguir la evolución de la creatividad. Después de un año de actividad, los nuevos compradores han constatado también que los clientes, entre 30 y 50 años más o menos, desean adquirir relojes firmados Chronoswiss pero un poco más modernos y algo diferentes.

Esta tendencia se confirma fundamentalmente en Europa. «Es por esto que, para la edición 2014 de Basilea, hemos esqueletizado el movimiento Valjoux que equipa nuestros cronógrafos. Es un logro estético que gusta mucho», añade el CEO de la casa.

En este sentido, Oliver Ebstein subraya también que «en lo que concierne a los movimientos, nos hemos apoyado, alrededor de un 30% en la producción base de la colección Sirius, en nuestro mecanismo de la casa. Para el resto compramos los movimientos, fundamentalmente al Grupo Swatch».

En lo que a la distribución y penetración de la marca en los distintos mercado se refiere, Ebstein precisa que «estamos presentes en alrededor de 350 puntos de venta alrededor de todo el mundo. Nuestros principales mercados son Europa y Asia, fundamentalmente el Sudeste asiático y Singapour. Estamos presentes también en México y deseamos desarrollarnos igualmente en los Estados Unidos».

Mostrar todo a los clientes y aficionados

Hoy las actividades de Chronoswiss se concentran en Lucerna. Pero para Oliver Ebstein y su esposa no es cuestión de encerrar la empresa tras los muros. Así, en plena ciudad, se han instalado en un lugar que permite ver a clientes y aficionados cómo se ensambla un reloj, cómo se hace el guilloché, cómo se hace el esmaltado…

En una estructura abierta, redonda, se encuentran los relojeros y los oficios artísticos. Los colaboradores están en un taller, protegidos por un grueso cristal, y, gracias a unas cámaras juiciosamente colocadas, el público puede ver los movimientos precisos y ampliados de los profesionales encargados de construir los relojes. En la misma estructura se ha instalado también una tienda con vitrinas especiales a través de las cuales se pueden contemplar los relojes y, por un juego de presiones en determinadas zonas de cada vitrina, se obtienne la información de cada reloj expuesto. Finalmente, en otra parte de esta estructura en forma de círculo está disponible toda la información relativa a la marca y su historia. Es, en definitiva, una idea muy original que permite al público interesado ver cómo se hace un reloj. Y si ya se conoce el proceso, verlo resulta muy sorprendente e interesante.